Mostrando entradas con la etiqueta tortuga. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta tortuga. Mostrar todas las entradas

martes, 4 de diciembre de 2007

La percepción sensorial de las tortugas

Los quelonios, como gran parte de los reptiles, poseen una avanzada percepción sensorial bien definida por sus cinco sentidos.

Visión

La córnea ocular de las Emydidae (Familia que agrupa varias tortugas semiacuáticas) solo obtienen el enfoque adecuado en un elemento denso como lo es el agua; obteniendo en ella una percepción bidimensional de objetos en movimiento de aceptable nitidez, la suficiente como para advertir la presencia de sus presas y depredadores.

En la superficie, la escasa densidad del aire distorsiona notablemente su visión, la cual se asemeja en cierto modo a la de un miope avanzado, por lo que dependen de otros sentidos para percibir su entorno.

Las Testudinae (Familia que agrupa todas las tortugas terrestres) tienen una vista bastante aceptable, pero precaria en comparación con la de otros reptiles, limitándose a la percepción de objetos en movimiento y a la distinción de tonalidades en su entorno con respetable precisión.

La tortuga marina Dermochelys coriacea es prácticamente ciega en la superficie, al igual que la mayoría de especies de la familia Cheloniidae.

La retina de los ojos de las tortugas (Al igual que la de todos los reptiles), no poseen Conos (Células sensoriales de color, esta región ocular está poblada únicamente con Bastones, células sensoriales de luminosidad), por ello, perciben una longitud de onda incapaz de determinar coloración alguna. Tan solo son sensibles a una amplia gama de tonalidades de luz, pero se estima que nunca por debajo de las 0,8 luminias.

Nota: Las tortugas no ven en colores, tan sólo perciben tonos de luminosidad. Su visión monocroma es bidimensional, es decir, perciben solamente dos dimensiones del espacio: verticalidad y horizontalidad. Por ello, son incapaces de percibir la profundidad del paisaje o entorno que tienen ante sí, por lo cual el cálculo de distancias les resulta imposible, teniendo que depender del olfato para definir la distancia a la que se halla la comida.

Olfato

Las Emydidae (Familia que agrupa varias tortugas semiacuáticas) y la mayoría de tortugas dulceacuícolas poseen un olfato magnífico que persiste bajo el agua; percibiendo hasta 700 matices olfativos según se ha estimado recientemente de forma poco fiable. También se estima que pueden percibir una molécula olfativa por cada 8.000 partículas de agua.

Las Testudinae (Familia que agrupa todas las tortugas terrestres) poseen este sentido algo menos afinado, exceptuando algunas especies de los géneros Chelonoidis y Geochelone y sobre todo las especies selváticas, ya que en este entorno húmedo se expanden en mayor medida las partículas olfativas.

Oído

En las Emydidae (Familia que agrupa varias tortugas semiacuáticas), este sentido sobre tierra firme se limita únicamente a la detección de los sonidos más bajos del espectro sonoro, percibiendo más a menudo los posibles peligros a través de la vibración del suelo que a través de su oído o vista. Esto se debe a que sus gruesos y duros tímpanos solo bajo el agua perciben con precisión las vibraciones sonoras.

En el agua disfrutan de un oído mucho más agudo, percibiendo un mayor espectro sonoro gracias a la perfecta adaptación de sus gruesos tímpanos, que funcionan con eficacia bajo elementos densos. Ello le permite una audición muy precisa a larga distancia, puesto que las ondas sonoras se expanden mejor en este elemento.

Sus oídos están a ambos lados de la cabeza, lo que les permite una audición estereofónica, por lo que pueden determinar con precisión la dirección y distancia de la que procede el sonido percibido.

En el caso de las Testudinae (Familia que agrupa todas las tortugas terrestres), el oído es un sentido casi inexistente, el cual se reduce a los sonidos más bajos de la escala sonora, acondicionado a la percepción de las vibraciones geológicas, delatoras del movimiento de grandes animales a su alrededor.

Gusto

Pocos son los estudios científicos orientados hacia la comprensión de este sentido en los animales, y mucho menos en los quelonios, por lo que apenas sabemos nada acerca de cómo perciben las tortugas el sabor de los alimentos, aunque si hay conciencia de que poseen papilas gustativas en la lengua, por lo que debemos sospechar que perciben los sabores en mayor o menor medida de los alimentos que ingieren.

Tacto

La piel de todas las tortugas está saturada de terminaciones nerviosas, Corpúsculos de Krause, Corpúsculos de Meissner, corpúsculos de Ruffini y Corpúsculos de Vater-Pacini, lo cual nos indica que poseen un sentido del tacto muy desarrollado, aunque desconocemos en que grado de sensibilidad. Su amplia gama de Corpúsculos delatan la percepción del contacto, temperatura, humedad, presión y abrasión que las tortugas poseen.

Es el caparazón, al igual que las uñas la única zona externa que no resulta sensible a los estímulos externos citados, aunque sus vasos sanguíneos, sistema nervioso y estructura ósea si son capaces de percibir el dolor derivado de la fractura, abrasión o lesión de esta zona.

Percepción y Conciencia

Debido a la ausencia de Corteza cerebral, los reptiles, quelonios incluidos, carecen de Córtex, región del lóbulo frontal encargada de la percepción de la conciencia, lo cual indica a los biólogos más radicales que las tortugas no tienen conciencia de su percepción sensorial, y por lo tanto no son conscientes de su propia existencia, actuando como meras máquinas biológicas con reacciones "automáticas" a los estímulos externos.

La conciencia es considerada en muchos casos un sexto sentido, el cual nos hace conocedores del entorno que nos rodea y de nuestra propia existencia; algunos científicos menos tajantes plantean la posibilidad de que los cerebros de los reptiles, pueden presentar un tipo de conciencia elemental, generada por un mecanismo que no ha sido identificado o ha pasado desapercibido, pero este es tema de un arduo y controvertido debate.

viernes, 30 de noviembre de 2007

Datos curiosos de las tortugas

Tortugas terrestres más grandes

Un complejísimo estudio estadístico realizado por la Comunidad científica internacional) demostró que la tortuga terrestre más grande es la Tortuga gigante de las Seychelles (archipiélago volcánico que queda arriba de la isla de Madagascar). Se le conoce también como la tortuga de Aldabra. Su caparazón suele alcanzar los 125 cm. y en ocasiones llega a los 130 cm. superando los 200 Kg. de peso. (Aldabrachelys elephantina, ex Dipsochelys dussumeri)

La Tortuga Gigante o Galápago Gigante con sus 120 cm. de longitud de caparazón es la segunda tortuga terrestre más grande que existe en la actualidad. Habita en las Islas Galápagos. Puede vivir entre 100 y 120 años. La clave está en su gran tamaño, su bajo metabolismo y la falta de depredadores naturales. (Chelonoidis elephantopus, ex Geochelone nigra)

La tortuga más grande

La Tortuga marina Laúd con sus 180 cm. de longitud de caparazón es la especie de tortuga más grande; y con sus 800 Kg. de peso es también la tortuga más pesada. Además la Tortuga Laúd es la tortuga que puede sumergirse a más profundidad. Desciende hasta 1.000 metros. El diseño de su caparazón le permite soportar la inmensa presión protegiendo sus órganos. (Dermochelys coriacea)

La tortuga que puede trepar árboles

La Tortuga de Cabeza Grande que vive en los ríos de montaña asiáticos, es capaz de trepar a los árboles. Su cráneo es enorme, por lo que cual no puede esconder la cabeza en el caparazón. (Platysternum megacephalum)

viernes, 23 de noviembre de 2007

Mantenimiento de tortuga

Algo importante en el mantenimiento de nuestras tortugas es renovar el agua de su habitáculo.

Es bien sabido que las tortugas, pueden llegar a ser portadoras de salmonelosis por lo cual cada vez que las manipulemos o toquemos su habitáculo deberemos lavarnos las manos con jabón y agua caliente de preferencia.

Es aconsejable el uso de un sustrato, de piedras gruesas sacadas de un entorno natural, de un tamaño mayor al de la boca de nuestras tortugas (en caso de no disponer de un filtro de gran potencia) para mantener el agua limpia y cristalina, pues las heces y restos de comida quedarán escondidas bajo las piedras o entre los espacios que quedan entre ellas.

Sin embargo, esto presenta un problema, pues los residuos que quedan entre el sustrato comienzan a descomponerse y producen mal olor, por ello deberemos o mantener el sustrato oxigenado usando un filtro de placa bajo él, o simplemente lavarlo cada cierto tiempo, sacando todas las piedras, cepillándolas, y cambiando toda el agua del acuario.

En libros y webs se aconseja renovar al menos el 50% del agua de nuestro acuaterrario 1 vez a la semana, para eliminar la orina que no elimina el filtro (a no ser que se neutralice con carbón activado).

Cuando renovemos el agua es importante cepillar las paredes del habitáculo.

Antes de sacar el agua deberemos desconectar todo lo eléctrico (esto es muy importante), incluido el termocalefactor y dejarlo en otra fuente con agua a temperatura similar, pues los cambios bruscos de temperatura pueden quebrarlos.

Cómo sacar el agua del habitáculo

El método clásico para sacar el agua de un acuario de peces es conectar una manguera al agua que está en el acuario y succionar hasta hacer subir el agua por la manguera, y luego doblar la manguera hacia abajo para que el agua caiga y al hacerlo cree una corriente y comience a succionar el agua. Sin embargo si utilizáramos este método en un habitáculo de tortugas, se corre el riesgo de tragar agua (con orina, heces, restos de comida) y no nos gustaría que eso sucediera, por nuestra propia salud.

Por ello aplicando el mismo principio, basta que tengamos una pequeña manguera (sin necesidad de construir sifonadores o comprarlos), solo una manguera de un largo 2,5 veces a la altura del agua de acuario, y la llenemos con agua.

Entonces, tapamos ambos orificios con nuestros dedos, colocamos una parte de la manguera en el fondo de la zona acuática, y la parte que resta de la manguera que será el 75% de longitud la colocamos hacia afuera del acuaterrario hacia abajo, apuntando hacia algún deposito, entonces dejamos de tapar con nuestros dedos la parte de la manguera que quedó hacia afuera, porque cómo es lógico el agua caerá hacia abajo, de manera instantánea dejamos de tapar la parte de la manguera que quedó en la zona acuática, entonces el agua por efecto de gravedad caerá hacia abajo y al hacerlo creará una corriente hacia arriba y comenzará a succionar el agua.

En caso de disponer de un filtro externo, bastará conectar una manguera hacia afuera, para que en vez de devolver el agua filtrada hacia el acuaterrario, lo haga hacia afuera, es decir, sacando el agua.

Cómo lavar el sustrato

Existen los siguientes métodos:

- Cepillar cada pieza.

- Sacar todas las piedras y dejarlas en una fuente con un poco de agua, y luego comenzar a revolver las piedras, para que el roce entre estas provoque que se limpien.

- En el mismo momento en que estemos sacando el agua, conectar una manguera a una cañería y abrir el paso del agua, para comenzar a llenar el acuaterrario con agua, al comienzo liberemos el agua con una presión relativamente fuerte, para apuntarla hacia el sustrato para que los residuos que contiene, dejen de encontrarse suspendidos en el fondo y queden flotando, entonces luego bajamos la presión del agua para que continúe llenando la zona acuática, pero que se mantenga, sin subir, para que la otra manguera que tenemos conectada, continúe sacando agua. Así dejamos este sistema de "retroalimentación" en el que entra agua, y sale, cada cierto tiempo, podemos apuntar el agua que va entrando hacia el sustrato para que liberen los residuos, y así, unos 15 minutos, el agua del acuario, y el sustrato quedará limpio.

Luego de tener limpio el sustrato y las paredes del habitáculo cepilladas, es necesario dejar el agua en la temperatura ideal (26°C) y añadir unas gotas de anticloro, para neutralizar el cloro, o simplemente, dejar nuestras tortugas en otro depósito 24 horas, para que el muy volátil cloro se evapore.

miércoles, 1 de agosto de 2007

Tortugas de agua

Si te decidiste por tener una tortuga como mascota, debes conocer algunos aspectos básicos de su biología para poder mantenerla en condiciones óptimas y así poder disfrutarla durante muchos años.

¿En donde viven?

En cuerpos de agua dulce alrededor de las zonas templadas y tropicales del mundo. Pueden habitar en estanques, ríos, corrientes, lagos y lagunas.

¿Cómo viven?

Son organismos predominantemente acuáticos, aunque sus hábitos y costumbres son muy variables. Se asolean regularmente sobre troncos y salientes de rocas lo cual es primordial para su correcto desarrollo, puesto que utilizan los rayos UV del sol para transformar las vitaminas que necesitan para fijar el calcio en sus huesos y caparazones.

Cuidados generales

Pueden ser alojadas en cualquier recipiente capaz de conservar agua y que idealmente podrá contar con un sistema de filtración que facilite el mantenimiento y disminuya la frecuencia de los cambios de agua. Si no se dispone de un sistema de filtración se hará necesario cambiar el agua después de cada alimentación. No se recomienda el uso de plantas naturales porque seguramente serán destruidas. Pueden instalarse plantas artificiales si se desea decorar el encierro. Se recomienda mantener el agua por encima de los 25 C.

Deben mantenerse en un ambiente 100% acuático desde su nacimiento, procurando proveer de algunos lugares de descanso. Las crías en buenas condiciones y con buena alimentación se desarrollan rápidamente, hay que tener cuidado de no exagerar ya que pueden ocasionarse problemas de obesidad y desarrollo lo que disminuirá su longevidad. Es necesario el asoleo directo dentro de recipientes con agua.

¿Qué comen?

Generalmente son omnívoras, esto es que pueden alimentarse tanto de materia vegetal como animal. La preferencia esta determinada por la etapa del ciclo de vida en que se encuentra: juveniles omnívoros con predominancia carnívora (mayor necesidad de proteína). No se recomienda el uso de alimentos vivos como artemia, tubifex o charales porque además de provocar adicción en las tortugas, les proveen una nutrición deficiente. La alimentación ofrecida a las crías debe ser igual a la de los adultos, pero en proporción a su talla. Se recomienda alimentarlos 3 veces por semana.

Para que la alimentación no sea un problema se recomienda usar un alimento balanceado como TORTU-BISCUITS® que por su excelente calidad satisface completamente las necesidades de nutrición de las tortugas omnívoras acuáticas y semi-acuáticas pudiendo ser utilizado como única fuente de alimento. Enriquecido con Vitaminas y Minerales que ayudan a prevenir enfermedades asociadas a una dieta incorrecta: ablandamiento del caparazón, deficiencias vitamínicas, hinchazón de los ojos, abscesos, etc.

Por su sabor, olor y digestibilidad TORTU-BISCUITS® es fácilmente aceptado por todo tipo de tortugas omnívoras acuáticas y semiacuáticas. Además de que su flotabilidad reduce el desperdicio al permanecer durante mas tiempo disponible a las tortugas.

Fuente : http://www.geocities.com/herpetarium/tortugas.html