martes, 30 de octubre de 2007

Tortugas después de la hibernación

Después de la lluvia, siempre sale el sol. Y como ya estamos ad portas de la primavera, estos primeros días con temperaturas un poco más elevadas pueden confundir a más de una tortuga, así como a sus dueños.

“Las tortugas se empiezan a despertar sobre los 16 grados celsius. Por eso en septiembre uno recibe muchos llamados de la gente porque sus tortugas se empiezan a mover, pero hay que tener cuidado.

Y es que si bien hay días buenos, después vuelve a bajar la temperatura o las noches siguen siendo frías, entonces no es conveniente sacarlas al jardín de inmediato”, explica la veterinaria especialista en animales exóticos, Fernanda Schaüfler.

A paso lento

La doctora recuerda que estas mascotas deben estar legalizadas ante el SAG, pues las tortugas de tierra argentinas (las más comunes) están protegidas y, por ende, prohibida su venta en el país.

Cualquier cambio brusco de temperatura le puede significar a este animal importantes cuadros respiratorios, que incluso pueden derivar en hospitalizaciones, suero, antibióticos, etc.

Durante la hibernación el metabolismo basal está muy bajo (gástrico, cardíaco) y no es cosa de despertarse y que el corazón empiece a bombear a mil; el organismo de la tortuga se demora de 2 a 3 semanas en equilibrarse, especialmente el sistema inmune. Por ende, las primeras semanas son muy sensibles para estos reptiles.

En caso de que se despierten durante estos días, lo correcto sería dejarlas en el mismo lugar porque es probable que se vuelvan a dormir (ni sacarlas ni llevarlas al interior de la casa), preocuparse de dejarles abundante agua (despiertan con sed) o incluso algo de comida.

Una vez que la temperatura se estabilice (al menos una semana con temperaturas sobre 16 o 18 grados celsius) ya es tiempo de reactivarse y volver al jardín. Es decir, a mediados o fines de octubre.

A veces algunas tortugas no despiertan bien de su largo período de letargo y, por lo tanto, es mejor solicitar ayuda al veterinario. Por ejemplo, si presenta mucha mucosidad en los orificios nasales o respira con la boca abierta; si pese a estar moviéndose no se alimenta o bien, si han pasado unas dos semanas desde que el tiempo ya se estabilizó y aún se le ve decaída. Es cierto que echar a andar el organismo toma su tiempo, pero no es para tanto.

Ojo que en octubre también es probable que caiga uno que otro aguacero. No obstante, “como llueve con temperaturas mucho más agradables, sin el frío de ahora, se sugiere no guardar a la tortuga. Ellas absorben agua a través de la piel, por lo tanto les hace bien y les gusta mojarse”.

Ahora, si en las noches primaverales sigue habiendo temperaturas muy bajas, no tiene nada de malo entrar en alguna ocasión a la tortuga al garaje, logia o cuarto donde hiberna.

En todo caso, teniendo su refugio en el jardín (si vive en departamento requerirá de una caja con tierra) también podría mantenerse feliz a la intemperie hasta el próximo otoño.